
Sábado a la noche y biografía complaciente de Benedetti, antigua entrevista de alrededor del 2000 en que el poeta, eso nadie lo discute, cuenta su vida con el muy humano aunque no excusable matiz de la autoindulgencia.
Tenía a favor, quizás, que en el 2000 el Frente Amplio tenía solamente un tercio de los representantes en el Poder Legislativo y la C.N.T ( ¡ Pa los que dicen que nunca habían gobernado!) y todavía no habían podido subir a la scene de traje a representar el mamarracho ejecutivo ( léase también Poder Judicial y separación de poderes).
Sábado a la noche y me sorprendo discutiendo con la leal víctima con que comparto vida y cama y penurias y esperas varias, sobre nuestro finado más traducido poeta, sobre sus motivos a los cuarenta y pico y sobre Latinoamérica y Rodó y la Comunidad Europea y sobre muchas patrañas.
Dice Benedetti que nunca empuñó un arma. Yo digo que Benedetti fue un gran mentiroso y es un gran mentiroso, ya no por la flagrante rosa mal contada historia de su vida, sino por haber cargado y disparado a la masa ( había mujeres y niños) todos los proyectiles de grueso calibre de sus venenos varios, de haberse apropiado, junto con muchos, ya no sólo de las artes en general, sino la cultura contemporánea toda.
Habla Benedetti de la esperanza, la soledad, habla del amor, cómo no, si el amor es también patrimonio de los revolucionarios -de ahí hasta Cristo hay un pasito- y su razón de ser y es más amor, mucho más amor que el amor de los contrarios, porque los detractores del amor odian secretamente a sus familias, amigos, perro, vecinos, instituciones y humanidad y cuando cantan al amor en realidad le cantan a la conveniencia.
Edita Benedetti su veneno salido del alambique de la superioridad, amparado por la maravillosa libertad de expresión, esa que ha sido sistemática y bastante veladamente negada a tantos artistas no militantes, a los equivocados insensibles al amor ágape ( ¿le suena presión a la conformidad?) Puede que esto que escribo sea ingenuo y hasta obvio.
A mi hija le pidieron que llevara a la escuela un poema de Benedetti. Mamá, no queriendo confundir ni torcer la frágil mente de la niña, envió ya no un poema, sino “La Tregua”, entendiendo que de última no tenía nada de malo y considerando que “ La Tregua”, con la mano en el corazón, es una buena novela.
No me pidieron nada de Idea Vilariño.
Tenía a favor, quizás, que en el 2000 el Frente Amplio tenía solamente un tercio de los representantes en el Poder Legislativo y la C.N.T ( ¡ Pa los que dicen que nunca habían gobernado!) y todavía no habían podido subir a la scene de traje a representar el mamarracho ejecutivo ( léase también Poder Judicial y separación de poderes).
Sábado a la noche y me sorprendo discutiendo con la leal víctima con que comparto vida y cama y penurias y esperas varias, sobre nuestro finado más traducido poeta, sobre sus motivos a los cuarenta y pico y sobre Latinoamérica y Rodó y la Comunidad Europea y sobre muchas patrañas.
Dice Benedetti que nunca empuñó un arma. Yo digo que Benedetti fue un gran mentiroso y es un gran mentiroso, ya no por la flagrante rosa mal contada historia de su vida, sino por haber cargado y disparado a la masa ( había mujeres y niños) todos los proyectiles de grueso calibre de sus venenos varios, de haberse apropiado, junto con muchos, ya no sólo de las artes en general, sino la cultura contemporánea toda.
Habla Benedetti de la esperanza, la soledad, habla del amor, cómo no, si el amor es también patrimonio de los revolucionarios -de ahí hasta Cristo hay un pasito- y su razón de ser y es más amor, mucho más amor que el amor de los contrarios, porque los detractores del amor odian secretamente a sus familias, amigos, perro, vecinos, instituciones y humanidad y cuando cantan al amor en realidad le cantan a la conveniencia.
Edita Benedetti su veneno salido del alambique de la superioridad, amparado por la maravillosa libertad de expresión, esa que ha sido sistemática y bastante veladamente negada a tantos artistas no militantes, a los equivocados insensibles al amor ágape ( ¿le suena presión a la conformidad?) Puede que esto que escribo sea ingenuo y hasta obvio.
A mi hija le pidieron que llevara a la escuela un poema de Benedetti. Mamá, no queriendo confundir ni torcer la frágil mente de la niña, envió ya no un poema, sino “La Tregua”, entendiendo que de última no tenía nada de malo y considerando que “ La Tregua”, con la mano en el corazón, es una buena novela.
No me pidieron nada de Idea Vilariño.
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